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"Aquí hace falta un poco de orden y disciplina"

Detalles Lugar/Estado: Mecklemburgo-Pomerania Occidental   INSTITUCIÓN: Proyecto para la juventud de "Mitte"   AUTORA: Heike Ehbrecht Edad: 14 de 8 años en adelante   Actividades Entrevistar testigos de la época   Establecer relaciones entre la historia y el presente   Excursión a un memorial   Reflexionar sobre formas de conmemorar el pasado   Simulacro   Visitar una exposición   Temas Campos de concentración para jóvenes   Esterilización compulsiva   Juventudes Hitlerianas   Moringen   Mujeres en campos de concentración   Propaganda   Ravensbrück   Sobrevivientes   Uckermark   Víctimas

Los integrantes de un club juvenil de Mecklemburgo-Pomerania Occidental a menudo se sienten marginados de la sociedad. Cuando en 1994 se enteraron del campo de concentración para jóvenes en Moringen, comenzaron a interesarse por la persecución de adolescentes por el régimen nazi. Hablaron con testigos de la época, visitaron la exposición "Ni siquiera habíamos comenzado a vivir" y conmemoraron a los jóvenes que perecieron en dicho campo.

DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO

En un artículo del 30 de julio de 1994 dedicado al tema del nacionalsocialismo, el periódico Schweriner Volkszeitung detalló una serie de acontecimientos históricos ocurridos en la vecina localidad de Moringen. Hace 50 años, hubo allí un campo de concentración para jóvenes en el que se pretendía "reeducar" a menores inadaptados con la intención de someterlos a la ideología nazi y transformarlos en lo que llamaban alemanes "arios". Una asociación de ex reclusos y ciudadanos comprometidos investigaron la historia de dicho lugar y confrontaron a la población local y a los visitantes con los hechos que ocurrieron tras los portones del campo.

El artículo generó el interés de los jóvenes que participan en el proyecto "Mitte" en Güstrow. Por su vestimenta llamativa, su música y su estilo de vida, ellos también se entienden como "inadaptados" ¿Acaso hubo alguna vez una juventud que no lo fuera? En cualquier caso los vecinos del club cuanto mucho los toleran, pero no los aceptan. Más de una vez, escucharon que alguna vecina les gritara "¡A la juventud actual le hace falta orden y disciplina! En nuestros tiempos, a tipos como ustedes los hubieran colgado!"

A través de la guía telefónica, los jóvenes ubicaron a la persona mencionada en el artículo y se pusieron en contacto con ella . Al averiguar los hechos históricos, fueron invitados a un encuentro con sobrevivientes y testigos de la época en Moringen. Allí conversaron con ex reclusos, visitaron la exposición "Ni siquiera habíamos comenzado a vivir"[ver Documentos] y conmemoraron todos juntos a los prisioneros que no habían sobrevivido su paso por el campo de concentración.

Situaciones que hoy pertenecen a la normalidad cotidiana de los jóvenes -considerar la escuela como aburrida, faltar a clase, pasarse la noche bailando en la discoteca y discutir con los padres por esa razón- en tiempos del Tercer Reich podrían haber constituido un delito. Quien faltara a las actividades de las Juventudes Hitlerianas o se atreviera a escuchar o bailar música swing, considerada decadente, corría el riesgo de ser denunciado por docentes, instructores, responsables de la cuadra, vecinos o conocidos y ser enviado a un campo de jóvenes para su "reeducación". En esos lugares, los jóvenes eran clasificados y seleccionados en términos de la biología criminal en boga durante esa época y algunos fueron esterilizados compulsivamente. Confinados en un mínimo espacio en condiciones degradantes, tenían que trabajar hasta el límite de sus fuerzas sin recibir suficiente alimento. De no cumplir con el reglamento del campo, eran humillados en público.

Günter Discher relató a los jóvenes de Güstrow cómo fue encarcelado por tocar música swing y cómo llegó a Moringen para ser "reeducado". Fernando Molde fue arrestado por haber abandonado su formación de panadero. Friedrich Laskas fue acusado de cometer el "delito" de tener una novia "aria" siendo "medio judío".

Para los jóvenes de Güstrow fue muy importante confrontarse con este capítulo de la historia. Lo que más les interesaba saber era cómo habían vivido los jóvenes el Tercer Reich, puesto que en aquella época, los ex presidiarios tenían su misma edad.

Este contacto personal con los testigos y sobrevivientes fue tan importante porque permitió a los jóvenes hacerse una idea de lo sucedido y comparar estos relatos con lo estudiado en la escuela. Eso les ayudó a formar su propia opinión, aunque ninguno de ellos podía comprender todo el alcance de lo que sucedía durante el nazismo. Uno de los adolescentes, de 16 años de edad, comentó que se sentía encerrado por el mero hecho de cursar su formación profesional en un pueblo pequeño. La mayoría de los participantes vivían los llamados al orden en la escuela como una rotunda humillación, de modo que todos coincidieron en que no habrían podido sobrevivir en un campo de concentración para jóvenes.

Los adolescentes admiraron la fuerza con la que los ex prisioneros elaboran su pasado y su voluntad para hablar de lo que vivieron para que no se repita. Aun así, podía percibirse que a los ex reclusos les resultaba doloroso hablar del tema: reaparecían recuerdos que los atormentaban, volvían a vivir y a sentir situaciones pasadas. Acaso el olvido sería la solución más sencilla, aunque es precisamente lo que buscan evitar: "No podría dormirme tranquilo si no supiera que no va a repetirse lo que alguna vez sucedió", nos dijo Friedrich Laska al terminar su relato.

Para preparar el viaje al campo, organizamos una "fiesta swing" para conocer mejor la música que escuchaban los jóvenes del movimiento swing. Günter Discher presentó una parte de su colección de discos, que abarca 15.000 registros de música a partir del año 1910. También vimos juntos el film "Swing-Kids" [Los chicos del Swing] con comentarios a cargo de Günter Discher . Después de conocer el ex campo de Moringen, los jóvenes visitaron el memorial de Ravensbrück, observaron las celdas, escucharon relatos de mujeres sobrevivientes y averiguaron datos sobre el campo para muchachas Uckermark, a un kilómetro y medio de distancia.

Actualmente los encuentros con testigos de la época nazi se han transformado en una verdadera institución, a pesar de que no se cuente con subsidios estatales. Las excursiones se financian con aportes propios y donaciones.

A su vez, los jóvenes documentaron sus experiencias y emociones en un vídeo que fue presentado en un encuentro con testigos de la época. Al ver el documental y escuchar los relatos, otros jóvenes también se sintieron motivados a participar del proyecto.

 

 

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